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21 mayo, 2012 a las 7:29 pm #286415
nesranyaParticipanteQue nadie nos diga que es imposible.
Hay muchas cosas que no intentamos hacer en la vida porque nos han dicho que no seremos capaces de hacerlas o, sencillamente, que no se pueden hacer. Nos lo hemos creído. Y no las hemos hecho. Es más, ni hemos hecho el menor intento de hacerlas.
Cuando se piensa que un objetivo es inalcanzable, se acaba por no hacer nada por conseguirlo. ¿Dónde se sitúa la barrera entre lo posible y lo imposible? Y, sobre todo, ¿es quizás nuestro entorno quién coloca la barrera?He leído no hace mucho esta pequeña historia que podría encontrarse, con las variantes lógicas de cada individuo, y contexto.
Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso.
– Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas, afirmaron.
En ese instante apareció un anciano y dijo:
– Yo sé cómo lo hizo.
– ¿Cómo?, preguntó alguien.
– No había nadie a su alrededor para decirle que era imposible.Pero, en demasiadas ocasiones somos nosotros mismos los que nos convencemos de que no podremos alcanzar lo que queremos. Esos pensamientos tienen grandes efectos inhibitorios y si a eso le añadimos el ambiente de pesimismo que vivimos, caeremos en el victimismo y la derrota.
Una reacción que incluya una buena dosis de amor propio, de rabia y de fe en uno mismo. Si tantos otros lo han conseguido, ¿por qué no lo voy a conseguir yo?. Vamos a dejar el pesimismo para tiempos mejores.
¿De cuántas personas se podría decir lo consiguieron porque nadie les dijo que era imposible? Se puede fracasar, claro que sí. Algunos, a la primera derrota, se dan por vencidos. Otros, cuando pierden, piensan que era solo una partida y que hay que volver a repartir cartas enseguida.
Espero que todos/as los que estáis esperando notas experimentéis la alegría del deseo cumplido, de que ha sido posible obtener un puesto de trabajo.
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