¿Hacia dónde nos encaminamos como personas, como ciudadanos y ciudadanas que integran la sociedad en que vivimos? No va a marcar el signo de nuestra evolución ni la suerte, ni el destino, ni el azar, ni los dioses, sino nuestra decidida voluntad de compromiso con la verdad y con el bien. Es decir que somos nosotros quienes vamos a imprimir el signo positivo o negativo de nuestra convivencia y de nuestra historia.
No tenemos garantizada la felicidad, ni la bondad, ni la justicia, ni la paz. Y tampoco está garantizado el desastre. Lo que tenemos es aquello que depende de nosotros mismos, de nuestro empeño, de nuestro esfuerzo, de nuestra voluntad de superación.
Expresa con claridad esta idea la historia que cuento a continuación y de la que he podido comprobar que existen múltiples versiones.
Un viejo indio estaba hablando con su nieto al calor y a la luz de la hoguera. El chico preguntó:
– Abuelo, abuelo, ¿qué es lo que sucede dentro de mí? Unas veces deseo ser bueno y otras no.
– Hijo, le dijo el abuelo, dentro de ti luchan dos lobos vigorosos. Uno de ellos siempre está malhumorado. Es malo, violento, vengativo y cruel. El otro siempre está de buen humor y está lleno de bondad, de compasión y de amor.
– Abuelo, ¿cuál de ellos ganará?, preguntó el nieto.
El abuelo se quedó pensativo unos segundos y contestó:
– El que tú alimentes.