Si estás preparando oposiciones o ya te encuentras dentro del procedimiento selectivo, es fundamental conocer cómo defender tus derechos frente a una resolución administrativa que consideres incorrecta o injusta. Uno de los mecanismos más habituales para ello es el Recurso de Alzada, un recurso administrativo que permite solicitar a la Administración que revise una decisión antes de acudir a los tribunales. A continuación, te explicamos de forma clara y práctica cómo interponerlo y qué opciones tienes si la respuesta no llega o no es favorable.
¿Qué es el Recurso de Alzada y cuándo procede?
El Recurso de Alzada es un recurso ordinario dentro de la vía administrativa. Se utiliza para impugnar resoluciones o actos que no ponen fin a la vía administrativa, es decir, decisiones que pueden ser revisadas por un órgano superior jerárquico. Por ejemplo, en los procesos selectivos, puede interponerse frente a determinadas resoluciones de tribunales calificadores, comisiones de selección o unidades de gestión del procedimiento.
Conocer esta vía es fundamental para cualquier opositor, ya que suele ser el primer paso obligatorio antes de plantear un recurso judicial.
Cómo interponer un Recurso de Alzada paso a paso
Presentar un Recurso de Alzada es un procedimiento relativamente sencillo, pero debe hacerse con precisión para evitar inadmisiones o demoras. Los elementos esenciales son los siguientes:
Plazo para interponerlo
Generalmente, dispones de un mes desde la notificación de la resolución que deseas impugnar. Si se trata de un acto presunto (silencio administrativo), el plazo será de tres meses desde que el plazo legal para resolver haya concluido.
Cumplir el plazo es crucial: presentar el recurso fuera de tiempo implicará su inadmisión automática.
Dónde presentarlo
El Recurso de Alzada debe dirigirse al órgano superior jerárquico competente para resolverlo. No obstante, se puede presentar:
- En el registro del mismo órgano que dictó la resolución.
- En cualquier registro administrativo habilitado.
- Electrónicamente, si el trámite así lo exige o lo permite.
Es importante revisar la convocatoria o notificación, ya que suele indicar el órgano concreto al que debe dirigirse el recurso.
Contenido del escrito
El recurso debe incluir una serie de datos básicos para que la Administración pueda identificar correctamente al solicitante y el acto impugnado:
- Datos personales: nombre completo, DNI y domicilio a efectos de notificaciones.
- Órgano destinatario: la autoridad competente para resolver el recurso.
- Acto impugnado: identificación clara de la resolución (fecha, número de expediente, referencia).
- Fundamentos de impugnación: aquí debes explicar por qué no estás de acuerdo con la resolución. Es recomendable aportar argumentos jurídicos y, si procede, acompañar documentación que lo respalde.
- Petición final: especifica claramente qué solicitas: la anulación, modificación o revisión del acto.
- Firma y fecha.
Un recurso bien fundamentado aumenta significativamente las posibilidades de éxito.
¿Qué ocurre si no estás de acuerdo con la respuesta?
Una vez presentado el Recurso de Alzada, pueden surgir dos escenarios:
La Administración NO responde (silencio administrativo)
Si transcurre el plazo máximo para resolver —habitualmente tres meses— sin recibir resolución, se entiende desestimado por silencio administrativo. En ese momento, se abre la vía para acudir a la jurisdicción contencioso-administrativa.
El opositor puede entonces:
- Presentar un recurso contencioso-administrativo ante los Juzgados de lo Contencioso-Administrativo.
- Formular quejas o reclamaciones internas, si lo desea, aunque estas no sustituyen al recurso judicial.
La Administración responde y desestima tu recurso
Si recibes una resolución expresa que desestima tu Recurso de Alzada, esa decisión pone fin a la vía administrativa. A partir de ahí, solo cabe acudir a la vía judicial contencioso-administrativa.
Para ello, suele disponerse de un plazo de dos meses desde la notificación.
Conclusión
Conocer cómo interponer un Recurso de Alzada y las opciones posteriores es esencial en cualquier proceso de oposición. Dominar estos pasos no solo te permite proteger tus derechos, sino también entender mejor el funcionamiento de la Administración y anticiparte a posibles incidencias durante el proceso selectivo. Prepararte jurídicamente es tan importante como estudiar el temario: ambas cosas pueden marcar la diferencia entre obtener la plaza o quedarte a las puertas.


























